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Para entender la identidad insurgente del venezolano no basta con mirar su geografía, ni su fenotipo hay que hurgar en su memoria épica.

El compromiso del pueblo venezolano con la independencia, la libertad y la soberanía no es un rasgo fortuito sino el resultado de un ADN histórico, forjado en las batallas más cruentas del siglo XIX – determinantes en buena medida de la sociedad latinoamericana – lo que en esencia es la identidad cultural de una nación, cimentada en su herencia heroica.

A diferencia de otros procesos históricos, la gesta emancipadora venezolana no se limitó a sus propias fronteras. Bajo el liderazgo de figuras como Simón Bolívar y Antonio José de Sucre, el pueblo venezolano asumió el sacrificio de liberar a medio continente. Esta herencia heroica sembró una idea fundamental: la libertad como un derecho que se conquista y se defiende, un legado de desprendimiento a resguardar dignamente.

​​Ese pasado glorioso son pilares de la identidad nacional, que determina tres compromisos irrenunciables en el imaginario social:
1- ​La Independencia: Entendida como la capacidad de decidir el destino propio, sin tutelajes extranjeros.
2- ​La Libertad: Vista no solo como fundamento de Derechos, sino como el estado natural del ciudadano frente a la opresión, condición humana.
3- ​La Soberanía: El respeto a la autodeterminación política del pueblo y la integridad del territorio del Estado Nación.

Esa «llama sagrada» de la que hablaban los libertadores sigue viva, el venezolano se reconoce en la resiliencia y en la convicción que ante las dificultades el espíritu de Carabobo y Ayacucho ofrece una brújula ética, moral y política. Ser heredero de héroes implica la responsabilidad de mantener al país, donde la grandeza sea la norma y no la excepción.

En medio del desenlace de la complejidad sociopolítica sobrevenida en Venezuela, a partir de la agresión criminal estadounidense del 03 de enero, es políticamente ineludible que los herederos de Simón Bolívar apelen a la estirpe heróica que le es consustancial.

En tal sentido el desafío histórico hoy, en el marco de la democracia establecida y perfectible es lograr: la estabilidad institucional gubernamental, la convivencia política, la radicalización de la democracia, claridad en el objetivo estratégico de la diversa y plural dirigencia nacional, alinear los intereses políticos organizativos partidistas, cohabitación y correlacion política alrededor de un plan país que refleje las esperanzas, expectativas y necesidades de las mayorías, el control de la complejidad sociopolítica, garantía del desarrollo integral del país y el bienestar social permeante a todos los estratos.

Todo ello, resulta insoslayable para apuntalar el desideratum de la posible perdurabilidad de la cohesion social, en la Venezuela independiente, libre y soberana además de dotada, de las potencialidades facticas para convertirse en el futuro inmediato, en la fuente energética global.